6º Objetivo Minimalista: Escribe hasta que los dedos sangren

Si, es una exageración. Si, efectivamente no soy tan maniática de la escritura, pero podría escribir un poco más sólo porque me encantaría hacerlo. Sólo un poco más, un poquito más, un poquitito mas. No esperar a que la musa inspiradora me empuje a escribir, si no simplemente escribir en momentos determinados del día sin ningún objetivo en mente.

Siempre me gusta sentarme en la misma silla y en mi mesa, agarrar alguno de los varios cuadernos que tengo, y darle rienda suelta a la expresión. Algunas cosas quedan expuestas en este blog. Otras, soy lo suficientemente vergonzosa para siquiera pensar en pasarlas a un documento de word.

Pero me gustaría escribir un poco más. Tal vez más a mano. Tengo romantizada la idea de esos escritores de antaño que escribían con una pluma en un papel, o la idea de esos escritores que se la pasan rellenando hojitas y libretitas por ahí… ¡Si! Ese es el tipo de escritor que me gusta.

Antes solía escribir en los libros, ahora sólo les pego post-its porque tengo temor de dañarlos… También solía rellenar cuanto cuaderno llegaba a mis manos… A día de hoy ese gusto no ha cambiado.

Si algo lamento del minimalismo a veces es, en un punto de confusión e incoherencia, haber quitado de mi vida todos esos cuadernos que venía guardando desde la infancia y la adolescencia. Ahora me doy cuenta que fué una equivocación ¿Cuántas historias que no fueron quedaron desperdigadas por ahí en esas hojas del `98? Y ahora, con 32 años, vuelvo a escribir con total soltura, en un espacio tan íntimo como son mis cuadernos, tratando de imitar esos momentos de creación pasados.

Escribiría un poquito más. Más escritos que salgan del corazón, aunque sinceramente a veces me cuesta abrirlo. Coleccionaría nuevamente bonitos cuadernos sólo para mimarme un poquito más (¿más?, ¡sí, sólo un poco más!)

Me haría un hueco no sólo a la mañana, tal vez un poco a la tarde y otro tanto a la noche. O mejor, escribiría a cada rato, intentando bosquejar las palabras más valiosas de las personas que más quiero. Pero también la frase que siempre dice el señor de la garita del barrio, ¿cómo era? ¡Ah, si! Cuando le pregunto que cómo anda, siempre me responde: “Se dice que así andamos”, o algo parecido, haciendo referencia a que anda bien por el fresco del día o cagado de calor, pero que al fin y al cabo le da igual porque el clima como la vida no se pueden evitar. Esas sabidurías barriales que a nadie les importa, sólo a mi.

Me sentaría en un café porteño (de esos bien porteños, con el banderín de San Lorenzo o de Huracán colgado en una pared y el mostrador que te lleva a pensar que estás viviendo en los ‘60) a observar mi propia cultura argenta, bañada de plata desgastada por el paso del tiempo y la pérdida de identidad cultural y trataría de definir el perfil del vecino de siempre, para luego irme a Starbucks, a tomarme un té amargo (si es que lo venden en esas monstruosas cadenas), para compararlo con el perfil del nativo digital. Tal vez me sorprenda saber que el gen argento no ha desaparecido del todo.

Me sentaría en La Boca y en el Once, sólo para describir la violenta diferencia que hay entre esos barrios y los de mi zona Norte.

Escribiría de todo, para mi, para todos y para nadie, por el sólo hecho de escribir.

También escribiría sobre la mente atenta cuando estoy tecleando palabras, ¡O mejor aún! Cuando las escribo en papel. La última vez que vi a mi madre, se quedó sorprendida porque parece que recuerda que antes escribía muy prolijo y ahora ya no hago bonitas las letras: “Es que ahora me urge escribir sin pensar tanto” Le diría, pero no sé si me va a entender.

Si pudiera escribiría mientras medito para dejar registradas todas las sensaciones y los increibles viajes que hace mi consciencia. Pero me da un poquito de miedo esa imagen  que puedo dar de “medium” asi que me reprimo y no lo hago. En su lugar, intento escribir en mi diario de procesos algunas cosas que recuerdo, que sé que no son todas pero que pueden significar mucho.

Escribiría sobre el amor, sobre el transporte público plagado de publicidad, escribiría sobre el Río de la Plata, sobre las plantas y los árboles, el viento que trae olor a agua del río, el patio de la casa de mi niñez. Los colores grisáceos de las palomas que se pueden ver desde mi ventana o la casa del vecino de acá a la vuelta con su inconfundible olor a gato. Y todo ello por el simple hecho de escribir, de dejar que las manos den permiso a mi mente para que diga todo lo que tenga que decir. Y luego intentar parar la rueda del hámster, mientras crujo los dedos en señal de victoria.

Objetivo minimalista: Escribir, al menos, en dos momentos del día, sin importar el qué o el por qué, sólo escribir sin pensar dejando que el texto sólo suceda.

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1 comentario en “6º Objetivo Minimalista: Escribe hasta que los dedos sangren”

  1. Querida Poly! Me acuerdo de esos cuadernos de tu adolescencia. Y de la carpeta de poesías. Sobre escritura quiero recomendarte estos libros: El Camino del Artista (Cameron) , El gozo de escribir (Natalie Goldberg) y Mientras Escribo (Stephen KIng). Podría recomendarte más pero sé que tres es tu número favorito. Me sorprende mucho la sinceridad y honestidad de tus textos porque te recuerdo como una pequeña algo vergonzosa a la que no le gustaba mostrar lo que escribía. Me gusta mucho más esta Poly, la que se anima a escribir y publicar. Te dejo un beso.

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